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La maravillosa vida breve de Oscar Wao

Publicado por Blogger el viernes 18 junio 2010

 Oscar, un adolescente hijo de inmigrantes dominicanos que vive en un gueto de Nueva Jersey, sueña con ser el nuevo Tolkien. Amante de los comics y negado hasta el extremo con las tías, pasa su tiempo leyendo historias de ciencia-ficción, jugando en el ordenador y buscando en vano al gran amor de su vida. Óscar de León es un desubicado enamoradizo y solitario de lenguaje pedante que se refugia en su imaginación y que resulta risible o, cuando menos, incomprensible para todos aquellos que se topan con él. Su miedo, morir virgen. La razón de sus desgracias, el fukú, la maldición folklorica dominicana que asola a su familia desde hace generaciones.

La maravillosa vida breve de Óscar Wao le valió a Junot Díaz el premio Pulitzer de ficción en 2008, y de inmediato trae a la memoria La conjura de los necios de John Kennedy Toole y su inefable Ignatius J. Reilly, el involuntario precursor del nerdismo. Sin llegar ni de lejos a la genialidad de esta última, la novela es también divertida y patética, y utiliza un lenguaje bastante curioso. Escrita originalmente en ingés, trasladar la jerga dominicana a la versión en español ha debió de ser laboriosa.

La idea más lograda es, quizá, cómo el autor (un dominicano que vive en los Estados Unidos desde los siete años) se ríe del cliché, eligiendo como protagonista a un sujeto que se encuentra en las antípodas del dominicano arquetípico; al pichabrava, deportista y ligón, Díaz contrapone a Óscar Wao, virgen, gordo y con el mismo atractivo que una lavadora, características que en el gueto dominicano lo convertirían sin más contemplaciones en un paria si no lo fuese ya. El relato es inteligente y agudo, pero cuando se crea un personaje tan sugestivo como Óscar Wao hay que procurar que los demás no desmerezcan, para así evitar que la narración pierda fuelle en los momentos en que aquél no está presente, y Díaz no siempre lo consigue.

No hubiera sido tan terrible si estas jevitas no hubieran tratado a Óscar como al guardia sordomudo del harén, dándole órdenes, mandándolo a hacer todas sus diligencias, riéndose de sus juegos y de su apariencia. Y, para colmo, hablando con todo lujo de detalles de sus vidas sexuales, como si él no existiera. Sentado en la cocina, con el último número de la revista Dragon en sus manos, les gritaba: Si no se han dado cuenta, hay un ser humano masculino presente. ¿Dónde?, Marisol decía con indiferencia. Yo no lo veo.

La novela se desarrolla a caballo entre los Estados Unidos y la República Dominicana, lo que le permite atizar tanto al dictador Leónidas Trujillo -más de cuarenta años criando malvas- como a la sociedad dominicana pasada y presente. La considerable cantidad de notas a pie, inusual en una novela, tiene como fin ayudar a ilustrarse sobre la historia de ese país y ponerse en situación. Sin embargo, no faltan errores de bulto, como llamar "izquierdista furibundo" a Jesús de Galíndez, miembro del PNV y colaborador de la CIA y el FBI cuyo cometido en la isla era, precisamente, informar sobre los movimientos de los exiliados izquierdistas españoles.

Díaz (1968), editor de ficción de la revista Boston Review, alcanzó un éxito considerable en 1996 con su primer libro, una colección de relatos que recibió el título de Los boys.

La maravillosa vida breve de Oscar Wao, Junot Díaz --- Edit. Debolsillo, 336 pags., 7,95 €.

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Las ciegas hormigas

Publicado por Blogger el martes 25 mayo 2010

 Durante los primeros años de la posguerra, un carguero inglés que transporta carbón para los Altos Hornos naufraga frente a La Galea, en Vizcaya, por culpa del temporal. Buena parte de los habitantes de Algorta y de los pueblos limítrofes se lanza, en una terrible noche de lluvia, viento y frío, a recoger para sí el carbón que se halla desperdigado por las rocas del peligroso acantilado antes de que los carabineros puedan proteger la carga. Entre ellos está Sabas Jauregui, un individualista esquivo con la gente de su pueblo, que va a involucrar a toda su familia en una labor que se presume peligrosa y cuyo desenlace no será el esperado.

Pese a ser un completo desconocido para la gran mayoría de los lectores, Ramiro Pinilla es uno de los autores españoles más notables de los últimos 50 años y seguramente el mejor narrador vasco desde Pío Baroja. Diversas disputas con la editorial Destino lo mantuvieron alejado del gran público durante más de treinta años, y el desinterés, cuando no desprecio, que siempre han demostrado los patriarcas del nacionalismo vasco por los que no forman parte de su particular tribu ha hecho el resto. La mayoría de sus obras sólo puede encontrarse, con suerte, en las librerías de viejo, pero Tusquets se ha propuesto rescatarlas.

Basado en un suceso real, Las ciegas hormigas no es, creo yo, el mejor relato de Pinilla, pero sí el más efectista, oscuro e intenso. Asfixiante incluso. Una novela épica, pesimista y con una fuerte carga de crítica social que retrata la severidad de la vida rural en la posguerra. La necesidad y la pobreza como motivación para arrojarse de modo insensato a una aventura suicida; el odio y el rencor personal (que en los pueblos nunca desaparecen así pasen lustros) como justificación para ocultar los fracasos propios. Una epopeya que, además, llama la atención tanto por la manera en que presenta a sus personajes como por su estructura narrativa: son los distintos protagonistas los que narran, en forma de monólogo interior y casi en tiempo real, los hechos que se van sucediendo, destacando entre los narradores el hijo pequeño de los Jauregui, Ismael, que es el cronista que cohesiona para el lector lo que relatan los demás implicados.

Cuando, después de un día de trabajo, te eches en tu cama pensando en la dura tarea que te espera al día siguiente (no solamente de trabajo, sino de contención de la mente y de la carne y, sobre todo, de inútil lucha feroz por mantener incólumes tus convicciones ante el fárrago de palabras e ideas que surgen de libros, diarios, radio y estrados, tratando de destruir tu individualidad y empotrarte en la gran bola masiva que en su loco giro acabará absorbiéndote hacia su interior y despojándote de lo único digno), y tus ojos, en la oscuridad, miren hacia el techo, sin ver, te acordarás de él y lo sabrás nadando invulnerable y te sentirás mejor.

En esta novela (premio Nadal y de la Crítica en 1960) se encuentran muchas de las constantes de la obra de Pinilla: la trama se desenvuelve en un Getxo rural hoy ya extinto, la acción se localiza en los primeros cincuenta años del siglo XX, el personaje principal se caracteriza por un individualismo irrenunciable que lo empuja a seguir adelante frente a todo, y esa prosa áspera, sin apenas descripciones y carente florituras y retórica. Son cualidades que también se advierten en Antonio B. el Rojo, Huesos, Andanzas de Txiki Baskardo y la monumental trilogía Verdes valles, colinas rojas, premio Nacional de Narrativa en 2006.

Más que un escritor, Pinilla (1923) es un contador de historias, alguien que escribe porque tiene una historia que contar. Pareciera algo que debe ser consustancial a la novela, pero basta con comprar al azar dos o tres relatos cualquiera para concluir que muchos escriben sin tener nada que contar.

Las ciegas hormigas, Ramiro Pinilla --- Edit. Tusquets, 328 pags., 19 €.

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La mujer justa

Publicado por Blogger el jueves 20 mayo 2010

 Tres visiones de una misma historia de engaños, traición, pasión, crueldad y soledad. Tres monólogos: una mujer detalla a una amiga cómo descubrió el adulterio de su esposo; el hombre que fue su marido relata a un amigo cómo abandonó a su esposa por otra mujer; una segunda mujer confiesa a su amante que se casó con un hombre rico para salir de la pobreza. Péter es un burgués bien posicionado y casado con Maritka. Un matrimonio tan convencional como inane; sólo los une la existencia de su hijo. Muerto éste, la pareja ya no tiene sentido, y Péter se adentra en la absurda búsqueda de la mujer justa, búsqueda que cree terminada al encontrar a Judit, la criada.

Ignoro si existe algún autor que haya sido capaz de reflejar con mayor conocimiento las emociones humanas y a la vez describirlas de forma más precisa que Sándor Márai, pero se antoja poco probable. Injustamente olvidado durante décadas y redescubierto hace breves fechas, el escritor húngaro vuelve a estar en el lugar que merece: la cúspide la literatura. El mismo lugar que ocupaba a principios de los años 40, cuando su fama era inmensa y cada una de sus obras un éxito de ventas.

La mujer justa (justa en el sentido de adecuada, no de imparcial) se compone de tres partes. Tres monólogos que en la edición original de 1941 eran sólo dos (los correspondientes a Maritka y Péter) y que me parecen de mayor nivel que el tercero, añadido en 1949 por un Márai ya en el exilio. Las pasiones, decepciones y angustias de un triángulo amoroso vistas desde los tres puntos de vista, todos ellos diferentes porque distintas son las personalidades de los tres personajes. Aclaro que la novela no es uno de esos melodramas infumables de baratillo que atestan los escaparates de las librerias, sino un inmejorable tratado sobre la condición moral de las personas; sus verdades y miserias, sus falsedades y secretos, sus reflexiones e incoherencias. Todo ello narrado de manera precisa y aguda, sin concesiones a la moralina bienpensante y con su habitual prosa elegante.

Hasta cierto momento en nuestra vida, la soledad nos parece un castigo, nos sentimos como el niño al que dejan solo en un cuarto oscuro mientras los adultos conversan y se divierten en la habitación de al lado. Pero un día nosotros también nos hacemos adultos y descubrimos que, en la vida, la soledad, la verdadera, la elegida conscientemente, no es un castigo, ni siquiera es una forma enfermiza y resentida de aislamiento, sino el único estado digno del ser humano. Y entonces ya no es tan difícil soportarla. Es como vivir en un gran espacio donde siempre respiras aire limpio.

La vida de Marai está marcada por la llegada de los regímenes totalitarios que asolaron Europa durante el siglo XX. Casado con una judía, su oposición al nazismo y al regímen títere que se instaló en Hungría fue constante a través de su labor como articulista en diversos periódicos, pero sería la intolerancia de los "libertadores" comunistas la que le abocaría al exilio y aislamiento. Sus libros fueron llevados a la hoguera por no plegarse al aborregamiento colectivizador y negarse a ser un escribano a mayor gloria de la dictadura soviética. Una vez lejos de su país, su conexión con la lengua y el público húngaros se hizo añicos y tras esta separación sus trabajos no volvieron a alcanzar excelencias pasadas. Las muertes de su mujer y su hijo adoptivo a finales de la década de 1980 lo sumieron en una profunda depresión, de la que salió pegándose un tiro a la edad de 88 años.

Marai (1900-1989) es autor de numerosos artículos, poemas e incluso relatos de viajes, pero su fama descansa en sus novelas, entre las que también destacan El último encuentro, La amante de Bolzano y La herencia de Eszter, y en sus dos libros de memorias, Confesiones de un burgués y ¡Tierra, tierra!

La mujer justa, Sándor Márai --- Edit. Quinteto, 256 pags., 9,50 €.

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Taras Bulba

Publicado por Blogger el jueves 22 abril 2010

 Tierras de Ucrania, siglo XVI. Asentado en una granja del interior del país, el viejo y curtido cosaco Taras Bulba recibe a sus hijos Ostap y Andrés de vuelta en casa tras pasar dos años estudiando en Kiev. En su afán por verlos guerrear, el día siguiente se traslada con ellos al campamento y maniobra para nombrar un nuevo atamán (líder militar) y conseguir que los cosacos, hombres de las estepas y cristianos ortodoxos, rompan la tregua alcanzada tiempo atrás con sus vecinos occidentales y eternos rivales: los polacos, cristianos católicos.

Cuando uno piensa en una novela épica rusa lo primero que le viene a la mente es un mazacote de 800 páginas en el que se cuenta la vida de una miríada de personajes a largo de cinco o seis generaciones. No es el caso de Taras Bulba, una de las primeras novelas en romper con la hasta ese momento afectada, insustancial y pomposa narrativa rusa; un pecado que hizo que buena parte de la crítica literaria de la época se ensañase con su autor, Nikolai Gogol, calificándolo de vulgar, insípido y sobrevalorado por los escritores extranjeros.

Novela seudohistórica, romántica pero con cierto realismo, cómica a ratos y siempre cruda, completarla le costó a Gogol diez años. En ella contrapone a los cosacos (libres y valientes habitantes de las estepas, nobles y honrados aun brutales y borrachos) con los urbanitas polacos, sus palacios, sus festejos diarios y sus docenas de siervos y mamporreros varios. La vida simple ya inexistente en tiempo de Gogol frente a la artificial vida moderna. La ruda rectitud moral frente a la corrupción burocrática. La cólera de los cosacos —escribe Gogol— "no era como la de la gente frívola"; ellos son toscos, fuertes y no se irritan fácilmente, pero "una vez encolerizados guardan con obstinación y por mucho tiempo ardiente rencor".

—Mi discurso, señores, tendrá que referirse a un asunto muy importante. La mayor parte de vosotros, y eso lo sabéis como yo, debe tanto dinero a los judíos taberneros y a los comerciantes, que éstos no les fían nada. Además, tengo que hacer otra observación. En la setch hay muchos jóvenes que todavía no han estado en la guerra, y un joven no puede vivir sin la guerra. ¿Quién se puede llamar zaporoga, si no ha despachado jamás a un pagano?
—Perfectamente dicho —pensó Bulba.
—No creáis, sin embargo, señores, que esto lo digo para impulsaros a violar la paz, no; Dios me libre: lo digo por decirlo. Además, el templo que tenemos en la setch se halla en tal estado que es una vergüenza: no solamente la parte exterior de él, sino hasta las imágenes atestiguan nuestro descuido. Nadie se acuerda de hacer ni el más pequeño don: únicamente se han recibido algunos, dejados en testamento, pero de poca importancia: es verdad que los testadores se habían bebido casi todo su caudal.

Gogol (1809-1852) es uno de los mayores enigmas de una literatura como la rusa que rebosa de enigmas. Profundamente religioso, infeliz, excéntrico, atormentado hasta consumirse con apenas cuarenta años, romántico en sus inicios y crudo y realista después pero siempre satírico, Gogol es a decir de Vladimir Nabokov el escritor ruso del que provienen todos los posteriores. Su mundo literario es genial, grotesco, irracional y sorprendentemente actual. Sus novelas se adelantaron un siglo en el tiempo.

Admirador de Miguel de Cervantes, se inspiró en Don Quijote para escribir una de las obras que mayor influencia tendrían en la literatura rusa: Las almas muertas. Otras novelas suyas son El abrigo, La nariz y Diario de un loco.

Taras Bulba, Nikolai Gogol --- Edit. Akal, 151 págs., 6,50 €.

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Matadero Cinco

Publicado por Blogger el domingo 21 marzo 2010

 El soldado americano Billy Pilgrim es hecho prisionero por el ejército alemán y confinado junto a otros presos de guerra en un matadero abandonado en Dresde días antes de que la ciudad sea bombardeada por la aviación aliada. Pilgrim tiene (o cree tener) la facultad de trasladarse en el tiempo dentro de los límites de su vida, aunque no puede controlar cuándo ni adónde va. Es decir, viaja por los diferentes períodos de su existencia saltando de su futuro a su pasado y de su pasado a su futuro. Está en un momento de su vida y de repente es transportado a otro.

Matadero Cinco es la novela más importante de Kurt Vonnegut, inspirada en parte en las vivencias del propio autor durante la Segunda Guerra Mundial. Vonnegut había sido capturado por los nazis en la batalla de las Ardenas y, atrincherado en el sótano de un antiguo matadero, logró sobrevivir al infame bombardeo que arrasó Dresde en 1945 y dejó más de 30.000 muertos. Él mismo formó parte de las brigadas de recogida de cadáveres. La destrucción total de una ciudad que no era objetivo militar ni contaba con industrias bélicas fue la acción más vergonzante perpetrada por el ejército aliado, y por ello convenientemente ocultada o minimizada durante años.

La novela salió a la luz en 1969, en pleno apogeo del movimiento de oposición a la Guerra de Vietnam, y su carácter antibelicista hizo que de inmediato se convirtiera en el libro de cabecera de la muchedumbre manifestante. Sin embargo, en Matadero Cinco hay bastante más que esa feroz soflama antimilitarista. La enjundia de este satírico, divertido y original relato de ciencia-ficción es la peculiar concepción de la vida como algo que no tiene un sentido lineal (del nacimiento a la muerte) y en donde todo está fijado de antemano y es inalterable. La muerte es intranscendente, sólo se trata de uno de tantos episodios de la vida, que se desarrolla en paralelo. Qué es futuro o pasado depende del momento que se esté viviendo, porque se puede saltar de la infancia a la vejez y viceversa de la noche a la mañana. Una concepción de la existencia que Pilgrim recibe de... los extraterrestes que, afirma, le abdujeron.

Lo más importante que he aprendido en Tralfamadore es que cuando una persona muere, sólo muere aparentemente. Continúa estando muy viva en el pasado, y por lo tanto es muy estúpido que la gente llore en su funeral. Todos los momentos, el pasado, el presente y el futuro, siempre han existido y siempre existirán. Los tralfamadorianos pueden contemplar todos los momentos diferentes de la misma forma que usted, por ejemplo, puede observar cualquier trecho de las Montañas Rocosas. Se dan cuenta de la permanencia de todos los momentos, y pueden contemplar cualquiera de ellos que les interese. Aquí en la Tierra creemos que un momento sigue a otro, como los guisantes dentro de la vaina, y que cuando un momento pasa ya ha pasado para siempre, pero no es más que una ilusión.

La interesante mezcla de realidad y ciencia-ficción, la visión hipercrítica pero humorística de la sociedad americana y ese alegato en contra de la barbarie bélica aunque el destinatario sea el enemigo, hizo de Vonnegut un icono de la contracultura en la década de los 70, una etiqueta que en cierto modo aún le distingue hoy. Matadero Cinco fue un fenómeno mediático sin precedentes; más todavía si se tiene en cuenta que, tras casi dos décadas y cinco novelas en su haber, Vonnegut (1922-2007) era un escritor oscuro y desconocido hasta 1969.

Con todo, la calidad de sus libros siempre fue bastante desigual. Junto a obras de gran interés como la reseñada, Las sirenas de Titán, Cuna de gato y El desayuno de los campeones, se encuentran otras muchas perfectamente prescindibles.

Matadero Cinco, Kurt Vonnegut --- Edit. Anagrama, 188 pags., 7,00 €.

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Niebla

Publicado por Blogger el domingo 14 marzo 2010

 Un soltero empedernido, adinerado y ocioso que atiende por Augusto Pérez, sale de paseo sin rumbo y decide tomar el mismo camino que una joven desconocida que se le cruza en la calle, Eugenia Domingo del Arco, profesora de piano, huérfana y sin posibles. Apenas la ha visto pero se enamora de ella (o eso cree) al instante. En adelante su meta será conseguir, al menos, su amistad. Para ello intenta ganarse el beneplácito de los tíos de Eugenia: doña Ermelinda, que ve en él un buen partido para su sobrina, y don Fermín, un sujeto que se dice "anarquista místico".

Miguel de Unamuno pertenece a la llamada Generación del 98, un movimiento literario que surge en 1898 tras la debacle en la Guerra de Cuba y la consiguiente pérdida de las colonias que aún quedaban en Ultramar (Cuba, Filipinas y Puerto Rico). Escritores como Unamuno, Antonio Machado, Ramón María del Valle-Inclán, Azorín y Pío Baroja reaccionaron ante el fin del ya decrépito Imperio español, criticando la realidad presente e inventando una España futura que retomaba los valores de los tiempos medievales: Lo propio es lo genuino, lo externo es lo postizo.

Niebla, escrita en 1907 y publicada siete años después, es una novela innovadora que sobrepasa ampliamente los límites tradicionales del género al entrelazar realidad y ficción. Un relato en el que el propio autor se inmiscuye en la trama de forma directa, relacionándose con su personaje principal e incluso debatiendo con él (de hecho, discutiendo vehementemente) sobre cuál debe ser el desarrollo y el final de la novela. El protagonista tiene unas pretensiones que Unamuno rechaza y aquél a su vez se rebela ante el destino que le quiere dar el autor, poniendo en duda tanto su condición de ente de ficción como el poder de Unamuno para decidir su futuro.

—Pues opino que como tú no existes más que en mi fantasía, te lo repito, y como no debes ni puedes hacer sino lo que a mí me dé la gana, y como no me da la real gana de que te suicides, no te suicidarás. ¡Lo dicho!.
—Eso de no me da la real gana, señor de Unamuno, es muy español, pero es muy feo. Y además, aun suponiendo su peregrina teoría de que yo no existo de veras y usted sí, de que yo no soy más que un ente de ficción, producto de la fantasía novelesca o nivolesca de usted, aun en ese caso yo no debo estar sometido a lo que llama usted su real gana, a su capricho. Hasta los llamados entes de ficción tienen su lógica interna...

Unamuno denominó "nivola" a esta novela, pues —dijo— "Invento el género e inventar un género no es más que darle un nombre nuevo, y le doy las leyes que me placen." Por su interés y plena vigencia, Niebla, la nivola, es la pieza clave de su amplia y variada obra literaria, que va desde novelas como Paz en la guerra, Abel Sánchez y San Manuel Bueno, mártir, a cuentos y narraciones cortas (El espejo de la muerte), pasando por ensayos (Vida de Don Quijote y Sancho), libros de poesía, obras teatrales y cientos de artículos desparramados en periódicos y revistas de España y América.

Unamuno (1864-1936) fue la figura más compleja de la Generación del 98, sobre la que ejerció cierto magisterio por ser el más viejo de todos ellos y también por su mayor formación intelectual. Siempre polémico, apasionado y brutalmente sincero, murió el último día del año en que se inició la Guerra Civil, echando pestes de ambos bandos por su fanatismo y estupidez.

Niebla, Miguel de Unamuno --- Edit. Cátedra, 304 págs., 7,60 €.

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La conjura de los necios

Publicado por Blogger el jueves 04 marzo 2010

 El inepto patrullero de la policía de Nueva Orleans, Angelo Mancuso, comete el error de intentar arrestar a un sujeto estrafalario que le resulta sospechoso. Su nombre, Ignatius J. Reilly, un treintañero desastrado y antisocial que presume de erudito. Un inmenso gandul que vive con su madre y pasa el tiempo durmiendo, comiendo, masturbándose y escribiendo diatribas contra la sociedad en que, para su disgusto, le ha tocado vivir. Apenas sale de casa si no es para ir al cine o pasear con su madre.

Cada vez es menos frecuente encontrar una novela divertida e inteligente y que a la vez tenga interés literario, un relato que no pierda interés por el transcurso de los años. Esta circunstancia, entre otras cuestiones, ha convertido a La conjura de los necios (escrita en 1962) en un clásico de la literatura contemporánea, a su protagonista, el inefable Ignatius J. Reilly, en un icono de cultura norteamericana, y al autor, John Kennedy Toole, en todo un referente a pesar de lo exiguo de su obra.

Narrada en tercera persona, se centra por completo en su protagonista, uno de los personajes más estrambóticos jamás creados y precursor de lo que con el tiempo se denominaría nerdismo. Reilly, el licenciado en estudios medievales que considera que la humanidad entró en declive en el Renacimiento y se arrastra ahora (entonces) por el fétido fango que representan la cultura pop, el plástico y el cine comercial. Es el antihéroe total, carece de virtud alguna y exhibe todos los defectos conocidos: es vago, sucio, gorrón, mentiroso, ególatra, pedante, reaccionario, intolerante, misántropo... Un tipo repugnante que, sin embargo, no produce aversión.

—Lamento desilusionarle, caballero, pero me temo que no es el salario adecuado. Un magnate del petróleo está pasándome por la cara miles de dólares con el propósito de tentarme para que acepte ser su secretario personal. De momento, estoy intentando decidir si puedo o no aceptar la visión materialista del mundo de ese sujeto. Sospecho que al final acabaré diciéndole que sí.
—Incluiremos veinte centavos al día para transporte —suplicó el señor González.
—Bueno, eso cambia las cosas —concedió Ignatius—. Aceptaré el trabajo provisionalmente.

El título se inspira en una frase de Jonathan Swift ("Cuando en el mundo aparece un verdadero genio puede reconocérsele por éste signo: todos los necios se conjuran contra él.") que resultaría premonitoria, porque Toole no vivió para ver publicada esta novela, rechazada por las editoriales al considerarla bien irreverente, bien falta de trama. Toole se suicidó en 1969 a la edad de 32 años, y fueron su peculiar madre y el también escritor Walker Percy los que consiguieron que finalmente saliera a la venta... en 1980. El éxito fue tan arrollador que el año siguiente se le concedió el Pulitzer de ficción a título póstumo. Tiempo después apareció publicada La biblia de neón, una curiosa novela que escribió en su adolescencia.

Cuando un autor muere de forma prematura o trágica no es fácil determinar si su reputación se debe más a ese hecho que a la calidad real de su obra. En el caso de Toole (1937-1969), basta con leer esta novela para saberlo.

La conjura de los necios, John Kennedy Toole --- Edit. Anagrama, 368 págs, 10,00 €.

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Hambre

Publicado por Blogger el miércoles 24 febrero 2010

 Un joven anónimo rememora los días en que vagaba por las calles de la ciudad de Cristianía (Oslo) luchando por conseguir trabajo, pagar la renta del cuchitril en donde vive y procurarse comida, mientras soñaba con convertirse en un escritor reconocido. Solitario, vestido con un traje desgastado por el uso, con su salud deteriorada por el hambre y el frío y sin posibilidades reales de mejorar económicamente, trata no obstante de conectar con el mundo que lo rodea y conservar (a menudo cómicamente) su dignidad e integridad.

Knut Hamsun, quizá el escritor que más influyó en los grandes de la literatura inmediatamente posterior (Hermann Hesse, Thomas Mann, Frank Kafka o Stefan Zweig) y premio Nobel en 1920, sigue siendo en cierta forma un apestado al que muchos nunca han oído nombrar siquiera. Su apoyo —al final de su larga vida, conviene precisar— a la invasión nazi de Europa y sus simpatías por sujetos tan poco recomendables como Adolf Hitler y Joseph Goebbels ocultaron durante décadas sus obras en el mayor de los olvidos y su evidente talento literario en el limbo de los malditos.

Hambre, que tiene mucho de autobiográfica, es una de las novelas que inician la literatura moderna y dejan atrás los relatos de tramas estereotipadas y personajes vacios. Es también una de las primeras muestras de narración en forma de monológo interior, en la que es el propio personaje quien va relatando sus experiencias y los sentimientos que le provocan. Lo importante no es la trama, sino los pensamientos del personaje; un pobre aspirante a escritor, de personalidad compleja e inestable, que a duras penas sobrevive en un mundo en el que no encaja y que le trata con indiferencia. Es el perdedor orgulloso con el que muchos años después se identificarán los jóvenes que adoptaron a Hamsun como escritor de cabecera. Ese hombre sin nombre que no comprende la razón de sus penurias cuando a sus ojos las demás personas rebosan de alegría.

Para consolarme y exculparme me puse a inventar todos los defectos posibles en esa gente alegre que se deslizaba a mi lado; me encogí airado de hombros y los miraba con desdén conforme iban pasando, pareja por pareja. ¡Esos estudiantes parsimoniosos, aficionados a los caramelos, que se creían libertinos a lo europeo simplemente por rozar el seno de alguna modistilla! ¡Esos señoritos, banqueros, mayoristas, leones de bulevar que ni siquiera rehusaban a las mujeres de los marineros, esas gordas polillas del mercado, que se dejaban tumbar en el primer portal a cambio de una jarra de cerveza. ¡Qué sirenas! El lugar a su lado estaba aún caliente del bombero o del mozo de cuadras de la noche anterior; el trono estaba siempre vacante, abierto de par en par, ¡suba usted!

Hamsun (1859-1951) acabó condenado por traición y denostado por su apoyo al totalitarismo. Al totalitarismo derrotado, se entiende, pues fueron legión los escritores que se sintieron fascinados y respaldaron el comunismo soviético del no más recomendable Iosif Stalin, sin que sus prestigios sufrieran merma alguna. Con todo, el impacto que causaron novelas como Hambre, Pan, Victoria y Los frutos de la tierra fue tal, que Vyacheslav Molotov (que no era precisamente un moderado) prohibió que Hamsun fuese sentenciado a muerte.

Lo que nadie discute es que su obra es literatura de primer orden, y cualquiera que se acerca a ella lo comprueba con facilidad. Paul Auster y Charles Bukowski se cuentan entre sus admiradores, y, por lo demás, de Hamsun dejó escrito Mann que "Nunca nadie ha merecido tanto el premio Nobel".

Hambre, Knut Hamsun --- Edit. La Torre, 180 págs., 11,50 €.

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1.280 almas

Publicado por Blogger el martes 09 febrero 2010

 Pottsville, 1.280 habitantes. El sheriff del condado es Nick Corey, un bufón inofensivo y amable cuyo mandato ha estado marcado por su incompetencia y zanganería. Pero todo tiene un final, y su indolente y apacible vida como jefe de policía y único representante de la Justicia en ese poblacho del Sur parece estar cercana a concluir: las elecciones son inminentes y esta vez su rival es un tipo con claras opciones de ganar. Corey no quiere perder el puesto pero ¿qué hacer para salir reelegido? Quizá la personalidad del sheriff es más compleja de lo que parecía.

Jim Thompson fue un escritor fracasado que en vida apenas conoció el éxito; y cuando lo encontró, fue siempre efímero, incompleto e ingrato. Su reconocimiento como uno de los ilustres de la novela negra junto a Dashiell Hammett y Raymond Chandler se produciría muchos años después de que muriera alcoholizado y olvidado. Sin embargo, fue Thompson quien catapultó el género a territorios hasta ese momento desconocidos.

No voy a destripar el argumento de 1.280 almas, probablemente la mejor novela de Thompson y la última importante que escribió. Baste con decir que en ella se condensan casi todas sus virtudes como novelista: narradores no fiables (hay que ir juzgando si lo que cuentan es cierto), giros en la trama, cosas que no son lo que aparentan, realismo brutal, lenguaje duro y sin artificios, humor negro y mordaz, crítica social y personajes moralmente ambivalentes cuyo estado mental bordea o rebasa la línea de la demencia.

Bueno, realmente no podía acusarlos de pensar como lo habían hecho. Probablemente, yo habría pensado lo mismo en su lugar al ver a Myra hecha un mar de lágrimas, con la ropa revuelta, y a mí también en bastante mal estado. Creyeron que la había violado, y cuando un tío viola a una tía en esta parte del país, apenas pasa por la cárcel. Y, si lo hace, no está en ella mucho tiempo. A veces creo que quizá ésta es la causa de que no progresemos tanto como en otras partes de la nación. La gente pierde tantas horas de trabajo linchando a los demás y gasta tanto dinero en sogas, gasolina, emborracharse por anticipado y otros menesteres necesarios, que queda muy poco para fines prácticos.

Thompson (1906-1977) comenzó su carrera componiendo relatos para revistas pulp fiction (publicaciones baratas de quiosco que se imprimían en papel basto de pulpa de celulosa) y la acabó como un escritor maldito cuyas novelas estaban fuera de circulación. Como él mismo predijo, sus méritos se reconocieron una vez llevaba varios lustros criando malvas. Además de la reseñada, es el autor, entre otras, de El asesino dentro de mí, La huída y Los timadores (todas llevadas al cine), y el guionista de dos películas de Stanley Kubrick: Atraco perfecto y Senderos de gloria.

Aquellos que supongan que éste es un género literario menor, pasado de moda y trufado de personajes de cartón-piedra, tramas endebles y finales predecibles, bien harían en comprarse esta novela.

1.280 almas, Jim Thompson --- Edit. Punto de lectura, 240 págs., 6,95 €.

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El desierto de los tártaros

Publicado por Blogger el domingo 07 febrero 2010

 Una fortaleza fronteriza aislada entre las montañas y asomada por el septentrión a un desierto por el que, se dice desde hace años, atacará el "Estado del Norte". Una amenaza tan inconcreta como los son el lugar y el tiempo en que se desarrolla la trama; una amenaza tan improbable y tan largamente esperada que sólo los ocupantes de la remota fortaleza creen ya en ella. Aferrados a la expectativa de alcanzar la gloria en una batalla que no se produce, como otros muchos antes que ellos pasan sus días entre el aburrimiento y la soledad de la rutina cuartelaria. A ese lugar llega el teniente Giovanni Drogo en su primer destino, que él supone será breve.

La alegoría de El desierto de los tártaros colocó a Dino Buzzati en los lugares más destacados de la literatura moderna italiana, y su estilo directo, su exposición clara y su obsesión por la fugacidad de la juventud y el paso inútil del tiempo lo consagró como uno los grandes escritores existencialistas. De esta impactante novela dijo Jorge Luis Borges que «exhala angustia y magia»; y de Buzzati, que «hay nombres que las generaciones venideras no se resignarán a olvidar».

La absorbente fortaleza Bastiani, el enigmático enemigo del norte y la desolada llanura desértica (en donde cierta leyenda sitúa de antiguo a los tártaros) ponen esa magia. La premeditada inconcreción de Buzzati sobre el espacio y el momento, nunca precisados, añade a la novela un matiz nebuloso. Y la continua espera, la inercia, la monotonía de lo rutinario y los sueños que se derrumban por el transcurrir de la vida aportan la angustia.

Poco a poco la confianza se debilitaba. Es difícil creer en algo cuando uno está solo y no puede hablar de ello con nadie. Precisamente en esa época Drogo se dio cuenta de que los hombres, por mucho que se quisieran, siempre permanecen alejados; si uno sufre, el dolor es completamente suyo, ningún otro puede tomar para sí ni una mínima parte; si uno sufre, no por eso los otros sienten daño, aunque el amor sea grande, y eso provoca la soledad en la vida.

Buzzatti (1906-1972) escribió esta novela en 1939 y se publicó un año después. Para entonces tenía editadas ya otras dos (Bárnabo de las montañas y El secreto del Bosque Viejo) que habían sido recibidas por la crítica de forma dispar (favorablemente la primera; con cierta indiferencia la segunda), pero el éxito inmediato que consiguió entre los lectores con El desierto de los tártaros lo situó en la cúspide y le dió fama internacional. Desde esa fecha escribió numerosos relatos, luego recopilados en Los siete mensajeros y Miedo en la Scala, y dos novelas bastante singulares, El gran retrato y Un amor.

A pesar de la admiración que despertó entre los grandes escritores del siglo XX, Buzzati nunca gozó del favor de las editoriales ni de la intelectualidad italiana, acaso porque jamás aceptó ser considerado como otra cosa que un simple periodista que escribía relatos. Tras pasar casi tres décadas en el olvido, hace unos años que su obra se viene rescatando, pero aún es un escritor desconocido para gran parte de los lectores.

El desierto de los tártaros, Dino Buzzati --- Edit. Alianza, 256 págs., 8,00 €.

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