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La mujer justa

Publicado por Blogger el jueves 20 mayo 2010

 Tres visiones de una misma historia de engaños, traición, pasión, crueldad y soledad. Tres monólogos: una mujer detalla a una amiga cómo descubrió el adulterio de su esposo; el hombre que fue su marido relata a un amigo cómo abandonó a su esposa por otra mujer; una segunda mujer confiesa a su amante que se casó con un hombre rico para salir de la pobreza. Péter es un burgués bien posicionado y casado con Maritka. Un matrimonio tan convencional como inane; sólo los une la existencia de su hijo. Muerto éste, la pareja ya no tiene sentido, y Péter se adentra en la absurda búsqueda de la mujer justa, búsqueda que cree terminada al encontrar a Judit, la criada.

Ignoro si existe algún autor que haya sido capaz de reflejar con mayor conocimiento las emociones humanas y a la vez describirlas de forma más precisa que Sándor Márai, pero se antoja poco probable. Injustamente olvidado durante décadas y redescubierto hace breves fechas, el escritor húngaro vuelve a estar en el lugar que merece: la cúspide la literatura. El mismo lugar que ocupaba a principios de los años 40, cuando su fama era inmensa y cada una de sus obras un éxito de ventas.

La mujer justa (justa en el sentido de adecuada, no de imparcial) se compone de tres partes. Tres monólogos que en la edición original de 1941 eran sólo dos (los correspondientes a Maritka y Péter) y que me parecen de mayor nivel que el tercero, añadido en 1949 por un Márai ya en el exilio. Las pasiones, decepciones y angustias de un triángulo amoroso vistas desde los tres puntos de vista, todos ellos diferentes porque distintas son las personalidades de los tres personajes. Aclaro que la novela no es uno de esos melodramas infumables de baratillo que atestan los escaparates de las librerias, sino un inmejorable tratado sobre la condición moral de las personas; sus verdades y miserias, sus falsedades y secretos, sus reflexiones e incoherencias. Todo ello narrado de manera precisa y aguda, sin concesiones a la moralina bienpensante y con su habitual prosa elegante.

Hasta cierto momento en nuestra vida, la soledad nos parece un castigo, nos sentimos como el niño al que dejan solo en un cuarto oscuro mientras los adultos conversan y se divierten en la habitación de al lado. Pero un día nosotros también nos hacemos adultos y descubrimos que, en la vida, la soledad, la verdadera, la elegida conscientemente, no es un castigo, ni siquiera es una forma enfermiza y resentida de aislamiento, sino el único estado digno del ser humano. Y entonces ya no es tan difícil soportarla. Es como vivir en un gran espacio donde siempre respiras aire limpio.

La vida de Marai está marcada por la llegada de los regímenes totalitarios que asolaron Europa durante el siglo XX. Casado con una judía, su oposición al nazismo y al regímen títere que se instaló en Hungría fue constante a través de su labor como articulista en diversos periódicos, pero sería la intolerancia de los "libertadores" comunistas la que le abocaría al exilio y aislamiento. Sus libros fueron llevados a la hoguera por no plegarse al aborregamiento colectivizador y negarse a ser un escribano a mayor gloria de la dictadura soviética. Una vez lejos de su país, su conexión con la lengua y el público húngaros se hizo añicos y tras esta separación sus trabajos no volvieron a alcanzar excelencias pasadas. Las muertes de su mujer y su hijo adoptivo a finales de la década de 1980 lo sumieron en una profunda depresión, de la que salió pegándose un tiro a la edad de 88 años.

Marai (1900-1989) es autor de numerosos artículos, poemas e incluso relatos de viajes, pero su fama descansa en sus novelas, entre las que también destacan El último encuentro, La amante de Bolzano y La herencia de Eszter, y en sus dos libros de memorias, Confesiones de un burgués y ¡Tierra, tierra!

La mujer justa, Sándor Márai --- Edit. Quinteto, 256 pags., 9,50 €.

Categorias: Novelas