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Taras Bulba

Publicado por Blogger el jueves 22 abril 2010

 Tierras de Ucrania, siglo XVI. Asentado en una granja del interior del país, el viejo y curtido cosaco Taras Bulba recibe a sus hijos Ostap y Andrés de vuelta en casa tras pasar dos años estudiando en Kiev. En su afán por verlos guerrear, el día siguiente se traslada con ellos al campamento y maniobra para nombrar un nuevo atamán (líder militar) y conseguir que los cosacos, hombres de las estepas y cristianos ortodoxos, rompan la tregua alcanzada tiempo atrás con sus vecinos occidentales y eternos rivales: los polacos, cristianos católicos.

Cuando uno piensa en una novela épica rusa lo primero que le viene a la mente es un mazacote de 800 páginas en el que se cuenta la vida de una miríada de personajes a largo de cinco o seis generaciones. No es el caso de Taras Bulba, una de las primeras novelas en romper con la hasta ese momento afectada, insustancial y pomposa narrativa rusa; un pecado que hizo que buena parte de la crítica literaria de la época se ensañase con su autor, Nikolai Gogol, calificándolo de vulgar, insípido y sobrevalorado por los escritores extranjeros.

Novela seudohistórica, romántica pero con cierto realismo, cómica a ratos y siempre cruda, completarla le costó a Gogol diez años. En ella contrapone a los cosacos (libres y valientes habitantes de las estepas, nobles y honrados aun brutales y borrachos) con los urbanitas polacos, sus palacios, sus festejos diarios y sus docenas de siervos y mamporreros varios. La vida simple ya inexistente en tiempo de Gogol frente a la artificial vida moderna. La ruda rectitud moral frente a la corrupción burocrática. La cólera de los cosacos —escribe Gogol— "no era como la de la gente frívola"; ellos son toscos, fuertes y no se irritan fácilmente, pero "una vez encolerizados guardan con obstinación y por mucho tiempo ardiente rencor".

—Mi discurso, señores, tendrá que referirse a un asunto muy importante. La mayor parte de vosotros, y eso lo sabéis como yo, debe tanto dinero a los judíos taberneros y a los comerciantes, que éstos no les fían nada. Además, tengo que hacer otra observación. En la setch hay muchos jóvenes que todavía no han estado en la guerra, y un joven no puede vivir sin la guerra. ¿Quién se puede llamar zaporoga, si no ha despachado jamás a un pagano?
—Perfectamente dicho —pensó Bulba.
—No creáis, sin embargo, señores, que esto lo digo para impulsaros a violar la paz, no; Dios me libre: lo digo por decirlo. Además, el templo que tenemos en la setch se halla en tal estado que es una vergüenza: no solamente la parte exterior de él, sino hasta las imágenes atestiguan nuestro descuido. Nadie se acuerda de hacer ni el más pequeño don: únicamente se han recibido algunos, dejados en testamento, pero de poca importancia: es verdad que los testadores se habían bebido casi todo su caudal.

Gogol (1809-1852) es uno de los mayores enigmas de una literatura como la rusa que rebosa de enigmas. Profundamente religioso, infeliz, excéntrico, atormentado hasta consumirse con apenas cuarenta años, romántico en sus inicios y crudo y realista después pero siempre satírico, Gogol es a decir de Vladimir Nabokov el escritor ruso del que provienen todos los posteriores. Su mundo literario es genial, grotesco, irracional y sorprendentemente actual. Sus novelas se adelantaron un siglo en el tiempo.

Admirador de Miguel de Cervantes, se inspiró en Don Quijote para escribir una de las obras que mayor influencia tendrían en la literatura rusa: Las almas muertas. Otras novelas suyas son El abrigo, La nariz y Diario de un loco.

Taras Bulba, Nikolai Gogol --- Edit. Akal, 151 págs., 6,50 €.

Categorias: Novelas