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Hambre

Publicado por Blogger el miércoles 24 febrero 2010

 Un joven anónimo rememora los días en que vagaba por las calles de la ciudad de Cristianía (Oslo) luchando por conseguir trabajo, pagar la renta del cuchitril en donde vive y procurarse comida, mientras soñaba con convertirse en un escritor reconocido. Solitario, vestido con un traje desgastado por el uso, con su salud deteriorada por el hambre y el frío y sin posibilidades reales de mejorar económicamente, trata no obstante de conectar con el mundo que lo rodea y conservar (a menudo cómicamente) su dignidad e integridad.

Knut Hamsun, quizá el escritor que más influyó en los grandes de la literatura inmediatamente posterior (Hermann Hesse, Thomas Mann, Frank Kafka o Stefan Zweig) y premio Nobel en 1920, sigue siendo en cierta forma un apestado al que muchos nunca han oído nombrar siquiera. Su apoyo —al final de su larga vida, conviene precisar— a la invasión nazi de Europa y sus simpatías por sujetos tan poco recomendables como Adolf Hitler y Joseph Goebbels ocultaron durante décadas sus obras en el mayor de los olvidos y su evidente talento literario en el limbo de los malditos.

Hambre, que tiene mucho de autobiográfica, es una de las novelas que inician la literatura moderna y dejan atrás los relatos de tramas estereotipadas y personajes vacios. Es también una de las primeras muestras de narración en forma de monológo interior, en la que es el propio personaje quien va relatando sus experiencias y los sentimientos que le provocan. Lo importante no es la trama, sino los pensamientos del personaje; un pobre aspirante a escritor, de personalidad compleja e inestable, que a duras penas sobrevive en un mundo en el que no encaja y que le trata con indiferencia. Es el perdedor orgulloso con el que muchos años después se identificarán los jóvenes que adoptaron a Hamsun como escritor de cabecera. Ese hombre sin nombre que no comprende la razón de sus penurias cuando a sus ojos las demás personas rebosan de alegría.

Para consolarme y exculparme me puse a inventar todos los defectos posibles en esa gente alegre que se deslizaba a mi lado; me encogí airado de hombros y los miraba con desdén conforme iban pasando, pareja por pareja. ¡Esos estudiantes parsimoniosos, aficionados a los caramelos, que se creían libertinos a lo europeo simplemente por rozar el seno de alguna modistilla! ¡Esos señoritos, banqueros, mayoristas, leones de bulevar que ni siquiera rehusaban a las mujeres de los marineros, esas gordas polillas del mercado, que se dejaban tumbar en el primer portal a cambio de una jarra de cerveza. ¡Qué sirenas! El lugar a su lado estaba aún caliente del bombero o del mozo de cuadras de la noche anterior; el trono estaba siempre vacante, abierto de par en par, ¡suba usted!

Hamsun (1859-1951) acabó condenado por traición y denostado por su apoyo al totalitarismo. Al totalitarismo derrotado, se entiende, pues fueron legión los escritores que se sintieron fascinados y respaldaron el comunismo soviético del no más recomendable Iosif Stalin, sin que sus prestigios sufrieran merma alguna. Con todo, el impacto que causaron novelas como Hambre, Pan, Victoria y Los frutos de la tierra fue tal, que Vyacheslav Molotov (que no era precisamente un moderado) prohibió que Hamsun fuese sentenciado a muerte.

Lo que nadie discute es que su obra es literatura de primer orden, y cualquiera que se acerca a ella lo comprueba con facilidad. Paul Auster y Charles Bukowski se cuentan entre sus admiradores, y, por lo demás, de Hamsun dejó escrito Mann que "Nunca nadie ha merecido tanto el premio Nobel".

Hambre, Knut Hamsun --- Edit. La Torre, 180 págs., 11,50 €.

Categorias: Novelas





El conocimiento inútil

Publicado por Blogger el viernes 19 febrero 2010

 Cada vez que me acerco a una librería siempre sé de antemano qué libros voy a comprar. Sin embargo, hace años adquirí el hábito de meter en el lote un libro cualquiera que, por la razón que fuese, me llamara la atención. Bien por su sinópsis, por el tema tratado, por un párrafo leído al azar o por motivos más pedestres como su título. Esa costumbre ha producido basura como para llenar un contenedor, pero también me ha permitido encontrar joyas como El conocimiento inútil. Imposible resistirse a un libro que comenzaba así: "La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira".

Escrito cuando internet todavía era un cigoto, El conocimiento inútil es un análisis demoledor sobre la manera en que las ideas se extienden por la sociedad. El uso sistemático de la mentira como elemento de desinformación y los estragos que provoca la propaganda (incluso la más inverosímil) no ya en las mentes simples, sino en las indolentes. Los que recogen la información —señala Jean-François Revel— parecen tener como precaución dominante el falsificarla y los que la reciben, eludirla. Con frecuencia, los malos razonamientos tienen como causa primera las malas informaciones.

Nunca antes del siglo XX hubo más personas con acceso a una masa mayor de información y conocimientos. Sin embargo, fue uno de los más sangrientos de la historia porque —dice— lejos de haberse engendrado una sabiduría sin parangón en el pasado, los políticos siguen adoptando sus decisiones basándose en sus creencias y prejuicios antes que en la razón. Y junto a sus distintos turiferarios en la intelectualidad, la prensa y la cultura, se afanan en distorsionar y falsificar la realidad para así evitar que contradiga esas creencias. No es la verdad, sino la mentira, la fuerza principal que gobierna el mundo.

La respuesta a esta objeción la sabemos de memoria: el papel de la prensa, se nos dice, es defender sistemáticamente lo contrario de lo que hace el gobierno y, en general, tener bajo su vigilancia al establishment. En primer lugar, la prensa no defiende sistemáticamente lo contrario de lo que hace cualquier gobierno. Cuando la mayoría cambia, tal periódico, que tenía por costumbre silenciar gustosamente los éxitos del gobierno precedente, empieza súbitamente a callarse sobre los fracasos del nuevo gobierno.

Con este imponente y reflexivo trabajo —por lo demás aplastantemente actual a pesar de que fue escrito hace ya dos décadas—, Revel consiguió un éxito de ventas inusual para un ensayo y se convirtió en un referente de la verdadera intelectualidad; alguien capaz de apreciar por sí mismo lo que para los demás es evidente sólo cuando les abren los ojos. Poco amigo de la mamandurria y el compadreo, puso al descubierto de forma despiadada las miserias de buena parte de los hasta entonces intocables del periodismo y la cultura.

Revel (1924-2006), ateo, antifascista, anticolonialista, anticomunista y liberal declarado, es también el autor de otros ensayos como La tentación totalitaria y Ni Marx ni Jesús.

El conocimiento inútil, Jean François Revel --- Edit. Planeta, 354 págs., 12,00 €.

Categorias: Ensayos





El Aleph

Publicado por Blogger el miércoles 17 febrero 2010

 Tras la muerte de su amiga Beatriz Viterbo, Jorge Luis Borges había tomado por costumbre visitar su casa el día en que ella cumpliría los años. Siempre lo recibe el primo hermano de Beatriz, Carlos Argentino Daneri, un advenedizo de interminables discursos que, contra toda evidencia, cree ser un gran poeta. Un día, Danieri telefonea a Borges para avisarle de que los dueños de la casa pretenden demolerla; algo que no puede consentir, porque —dice— en el sótano hay un Aleph, uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos.

Los diecisiete cuentos de El Aleph han producido incontables estudios interpretativos desde de su publicación hace sesenta años; estudios que han desembocado en un número igual de hipótesis sobre sus respectivos significados, muchas de ellas tan alambicadas, tan alejadas del texto y tan delirantes, que divertían incluso al propio autor. Convertido en lectura de culto, el último cuento, que es el que da título a la colección, se lleva la palma: existen no ya libros sino volúmenes enteros dedicados a descifrarlo.

Aleph es la primera letra del alfabeto hebreo, símbolo, según la tradición judía, de la unidad e individualidad, por lo que en sí misma contiene el alfabeto completo. Borges utiliza ese término de fuerte carga mística para denominar al "lugar donde están sin confundirse todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos". Una pequeña esfera que contiene toda la historia del universo y a través de la cual se esperaría poder ver y saber absolutamente todo. Sobre esa base, escribe un relato fantástico repleto de matices psicológicos y alusiones más o menos veladas a obras antiguas, en el que un ficticio Jorge Luis Borges es el protagonista.

Está en el sótano del comedor —explicó, aligerada su dicción por la angustia—. Es mío, es mío; yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar. La escalera del sótano es empinada, mis tíos me tenían prohibido el descenso, pero alguien dijo que había un mundo en el sótano. Se refería, lo supe después, a un baúl, pero yo entendí que había un mundo. Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Aleph.

Más allá de los cultismos y laberintos que caracterizan sus obras y de las interpretaciones a las que se pueda prestar el El Aleph y otros cuentos que también forman parte del libro, como El inmortal, Emma Zunz o El Zahir, Borges fue sobre todo un gran creador de mundos fantásticos, en los que entrelaza mitos de distintas épocas y culturas, y un narrador genial. Ambos aspectos suelen quedar difuminados detrás de tanto análisis y tanta conjetura sobre el significado de sus relatos.

Frente a la recua de escritores y editores que parece suponer que nada es digno de ser publicado si no tiene el grosor de un ladrillo y sirve de contrapeso a un rinoceronte, Borges (1899-1986) compone universos complejos y fascinantes en apenas una docena de páginas.

El Aleph, Jorge Luis Borges --- Edit. Alianza, 208 págs., 8,00 €.

Categorias: Otros relatos





1.280 almas

Publicado por Blogger el martes 09 febrero 2010

 Pottsville, 1.280 habitantes. El sheriff del condado es Nick Corey, un bufón inofensivo y amable cuyo mandato ha estado marcado por su incompetencia y zanganería. Pero todo tiene un final, y su indolente y apacible vida como jefe de policía y único representante de la Justicia en ese poblacho del Sur parece estar cercana a concluir: las elecciones son inminentes y esta vez su rival es un tipo con claras opciones de ganar. Corey no quiere perder el puesto pero ¿qué hacer para salir reelegido? Quizá la personalidad del sheriff es más compleja de lo que parecía.

Jim Thompson fue un escritor fracasado que en vida apenas conoció el éxito; y cuando lo encontró, fue siempre efímero, incompleto e ingrato. Su reconocimiento como uno de los ilustres de la novela negra junto a Dashiell Hammett y Raymond Chandler se produciría muchos años después de que muriera alcoholizado y olvidado. Sin embargo, fue Thompson quien catapultó el género a territorios hasta ese momento desconocidos.

No voy a destripar el argumento de 1.280 almas, probablemente la mejor novela de Thompson y la última importante que escribió. Baste con decir que en ella se condensan casi todas sus virtudes como novelista: narradores no fiables (hay que ir juzgando si lo que cuentan es cierto), giros en la trama, cosas que no son lo que aparentan, realismo brutal, lenguaje duro y sin artificios, humor negro y mordaz, crítica social y personajes moralmente ambivalentes cuyo estado mental bordea o rebasa la línea de la demencia.

Bueno, realmente no podía acusarlos de pensar como lo habían hecho. Probablemente, yo habría pensado lo mismo en su lugar al ver a Myra hecha un mar de lágrimas, con la ropa revuelta, y a mí también en bastante mal estado. Creyeron que la había violado, y cuando un tío viola a una tía en esta parte del país, apenas pasa por la cárcel. Y, si lo hace, no está en ella mucho tiempo. A veces creo que quizá ésta es la causa de que no progresemos tanto como en otras partes de la nación. La gente pierde tantas horas de trabajo linchando a los demás y gasta tanto dinero en sogas, gasolina, emborracharse por anticipado y otros menesteres necesarios, que queda muy poco para fines prácticos.

Thompson (1906-1977) comenzó su carrera componiendo relatos para revistas pulp fiction (publicaciones baratas de quiosco que se imprimían en papel basto de pulpa de celulosa) y la acabó como un escritor maldito cuyas novelas estaban fuera de circulación. Como él mismo predijo, sus méritos se reconocieron una vez llevaba varios lustros criando malvas. Además de la reseñada, es el autor, entre otras, de El asesino dentro de mí, La huída y Los timadores (todas llevadas al cine), y el guionista de dos películas de Stanley Kubrick: Atraco perfecto y Senderos de gloria.

Aquellos que supongan que éste es un género literario menor, pasado de moda y trufado de personajes de cartón-piedra, tramas endebles y finales predecibles, bien harían en comprarse esta novela.

1.280 almas, Jim Thompson --- Edit. Punto de lectura, 240 págs., 6,95 €.

Categorias: Novelas





El desierto de los tártaros

Publicado por Blogger el domingo 07 febrero 2010

 Una fortaleza fronteriza aislada entre las montañas y asomada por el septentrión a un desierto por el que, se dice desde hace años, atacará el "Estado del Norte". Una amenaza tan inconcreta como los son el lugar y el tiempo en que se desarrolla la trama; una amenaza tan improbable y tan largamente esperada que sólo los ocupantes de la remota fortaleza creen ya en ella. Aferrados a la expectativa de alcanzar la gloria en una batalla que no se produce, como otros muchos antes que ellos pasan sus días entre el aburrimiento y la soledad de la rutina cuartelaria. A ese lugar llega el teniente Giovanni Drogo en su primer destino, que él supone será breve.

La alegoría de El desierto de los tártaros colocó a Dino Buzzati en los lugares más destacados de la literatura moderna italiana, y su estilo directo, su exposición clara y su obsesión por la fugacidad de la juventud y el paso inútil del tiempo lo consagró como uno los grandes escritores existencialistas. De esta impactante novela dijo Jorge Luis Borges que «exhala angustia y magia»; y de Buzzati, que «hay nombres que las generaciones venideras no se resignarán a olvidar».

La absorbente fortaleza Bastiani, el enigmático enemigo del norte y la desolada llanura desértica (en donde cierta leyenda sitúa de antiguo a los tártaros) ponen esa magia. La premeditada inconcreción de Buzzati sobre el espacio y el momento, nunca precisados, añade a la novela un matiz nebuloso. Y la continua espera, la inercia, la monotonía de lo rutinario y los sueños que se derrumban por el transcurrir de la vida aportan la angustia.

Poco a poco la confianza se debilitaba. Es difícil creer en algo cuando uno está solo y no puede hablar de ello con nadie. Precisamente en esa época Drogo se dio cuenta de que los hombres, por mucho que se quisieran, siempre permanecen alejados; si uno sufre, el dolor es completamente suyo, ningún otro puede tomar para sí ni una mínima parte; si uno sufre, no por eso los otros sienten daño, aunque el amor sea grande, y eso provoca la soledad en la vida.

Buzzatti (1906-1972) escribió esta novela en 1939 y se publicó un año después. Para entonces tenía editadas ya otras dos (Bárnabo de las montañas y El secreto del Bosque Viejo) que habían sido recibidas por la crítica de forma dispar (favorablemente la primera; con cierta indiferencia la segunda), pero el éxito inmediato que consiguió entre los lectores con El desierto de los tártaros lo situó en la cúspide y le dió fama internacional. Desde esa fecha escribió numerosos relatos, luego recopilados en Los siete mensajeros y Miedo en la Scala, y dos novelas bastante singulares, El gran retrato y Un amor.

A pesar de la admiración que despertó entre los grandes escritores del siglo XX, Buzzati nunca gozó del favor de las editoriales ni de la intelectualidad italiana, acaso porque jamás aceptó ser considerado como otra cosa que un simple periodista que escribía relatos. Tras pasar casi tres décadas en el olvido, hace unos años que su obra se viene rescatando, pero aún es un escritor desconocido para gran parte de los lectores.

El desierto de los tártaros, Dino Buzzati --- Edit. Alianza, 256 págs., 8,00 €.

Categorias: Novelas