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El Aleph

Publicado por Blogger el miércoles 17 febrero 2010

 Tras la muerte de su amiga Beatriz Viterbo, Jorge Luis Borges había tomado por costumbre visitar su casa el día en que ella cumpliría los años. Siempre lo recibe el primo hermano de Beatriz, Carlos Argentino Daneri, un advenedizo de interminables discursos que, contra toda evidencia, cree ser un gran poeta. Un día, Danieri telefonea a Borges para avisarle de que los dueños de la casa pretenden demolerla; algo que no puede consentir, porque —dice— en el sótano hay un Aleph, uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos.

Los diecisiete cuentos de El Aleph han producido incontables estudios interpretativos desde de su publicación hace sesenta años; estudios que han desembocado en un número igual de hipótesis sobre sus respectivos significados, muchas de ellas tan alambicadas, tan alejadas del texto y tan delirantes, que divertían incluso al propio autor. Convertido en lectura de culto, el último cuento, que es el que da título a la colección, se lleva la palma: existen no ya libros sino volúmenes enteros dedicados a descifrarlo.

Aleph es la primera letra del alfabeto hebreo, símbolo, según la tradición judía, de la unidad e individualidad, por lo que en sí misma contiene el alfabeto completo. Borges utiliza ese término de fuerte carga mística para denominar al "lugar donde están sin confundirse todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos". Una pequeña esfera que contiene toda la historia del universo y a través de la cual se esperaría poder ver y saber absolutamente todo. Sobre esa base, escribe un relato fantástico repleto de matices psicológicos y alusiones más o menos veladas a obras antiguas, en el que un ficticio Jorge Luis Borges es el protagonista.

Está en el sótano del comedor —explicó, aligerada su dicción por la angustia—. Es mío, es mío; yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar. La escalera del sótano es empinada, mis tíos me tenían prohibido el descenso, pero alguien dijo que había un mundo en el sótano. Se refería, lo supe después, a un baúl, pero yo entendí que había un mundo. Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Aleph.

Más allá de los cultismos y laberintos que caracterizan sus obras y de las interpretaciones a las que se pueda prestar el El Aleph y otros cuentos que también forman parte del libro, como El inmortal, Emma Zunz o El Zahir, Borges fue sobre todo un gran creador de mundos fantásticos, en los que entrelaza mitos de distintas épocas y culturas, y un narrador genial. Ambos aspectos suelen quedar difuminados detrás de tanto análisis y tanta conjetura sobre el significado de sus relatos.

Frente a la recua de escritores y editores que parece suponer que nada es digno de ser publicado si no tiene el grosor de un ladrillo y sirve de contrapeso a un rinoceronte, Borges (1899-1986) compone universos complejos y fascinantes en apenas una docena de páginas.

El Aleph, Jorge Luis Borges --- Edit. Alianza, 208 págs., 8,00 €.

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