El desierto de los tártaros
Una fortaleza fronteriza aislada
entre las montañas y asomada por el septentrión a un desierto por el
que, se dice desde hace años, atacará el "Estado del Norte". Una amenaza
tan inconcreta como los son el lugar y el tiempo en que se desarrolla la
trama; una amenaza tan improbable y tan largamente esperada que sólo los
ocupantes de la remota fortaleza creen ya en ella. Aferrados a la
expectativa de alcanzar la gloria en una batalla que no se produce, como
otros muchos antes que ellos pasan sus días entre el aburrimiento y la
soledad de la rutina cuartelaria. A ese lugar llega el teniente Giovanni
Drogo en su primer destino, que él supone será breve.
La
alegoría de El desierto de los tártaros
colocó a Dino Buzzati
en los lugares
más destacados de la literatura moderna italiana, y su estilo directo,
su exposición clara y su obsesión por la fugacidad de la juventud y el
paso inútil del tiempo lo consagró como uno los grandes escritores
existencialistas. De esta impactante novela dijo Jorge
Luis Borges que «exhala angustia y magia»; y de Buzzati, que
«hay nombres que las generaciones venideras no se resignarán a olvidar».
La absorbente fortaleza Bastiani, el enigmático enemigo del norte y la
desolada llanura desértica (en donde cierta leyenda sitúa de antiguo a
los tártaros) ponen esa magia. La premeditada inconcreción de Buzzati
sobre el espacio y el momento, nunca precisados, añade a la novela un
matiz nebuloso. Y la continua espera, la inercia, la monotonía de lo
rutinario y los sueños que se derrumban por el transcurrir de la vida
aportan la angustia.
Poco a poco la confianza se debilitaba. Es difícil creer en algo cuando uno está solo y no puede hablar de ello con nadie. Precisamente en esa época Drogo se dio cuenta de que los hombres, por mucho que se quisieran, siempre permanecen alejados; si uno sufre, el dolor es completamente suyo, ningún otro puede tomar para sí ni una mínima parte; si uno sufre, no por eso los otros sienten daño, aunque el amor sea grande, y eso provoca la soledad en la vida.
Buzzatti (1906-1972) escribió esta novela en 1939 y se publicó un año
después. Para entonces tenía editadas ya otras dos (Bárnabo
de las montañas y El secreto del
Bosque Viejo) que habían sido recibidas por la crítica de forma
dispar (favorablemente la primera; con cierta indiferencia la segunda),
pero el éxito inmediato que consiguió entre los lectores con El
desierto de los tártaros lo situó en la cúspide y le dió
fama internacional. Desde esa fecha escribió numerosos relatos, luego
recopilados en Los siete mensajeros y Miedo
en la Scala, y dos novelas bastante singulares, El
gran retrato y Un amor.
A pesar de la admiración que despertó entre los grandes escritores del siglo XX, Buzzati nunca gozó del favor de las editoriales ni de la intelectualidad italiana, acaso porque jamás aceptó ser considerado como otra cosa que un simple periodista que escribía relatos. Tras pasar casi tres décadas en el olvido, hace unos años que su obra se viene rescatando, pero aún es un escritor desconocido para gran parte de los lectores.
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